Volver. Primera Parte.

“Buenos Aires es una madre permisiva, indiferente y gorda. No te levanta si te caés, porque siempre está ocupada. Pero te da lo que necesitás, si le sabés insistir. Después te deja partir sin recriminaciones y de la misma manera te recibe cuando volvés”.

Juan Terranova

¿Cómo habrá sido para esas miles de personas que emigraron a Buenos Aires volver a su hogar después de un tiempo? Pienso en mis abuelos, y me encantaría poder preguntarles como se siente eso, como se siente volver, como es volver al lugar desde donde partiste tiempo atrás y darte cuenta que esta distinto. Que la ciudad se modifica constantemente sin importarle el estado temporal de sus habitantes. Si uno esta o no esta, a la ciudad no le importa, sigue creciendo como un monstruo que come y olvida en un ciclo eterno.

Yo me fui porque quise, porque lo necesite, pero como habrá sido para ellos que lo tuvieron que hacer, para toda esa gente que día a día se cambia de país, de nacionalidad, de modo de vida, buscando un futuro mejor, ¿Cómo será para ellos la experiencia de retornar al lugar? ¿Serán mis sensaciones al menos un poquito de lo que todos ellos sienten? ¿De lo que mis abuelos sintieron cuando volvieron de visita a su España natal?

Nieve en Munich
Nieve en Munich

Llegué hace dos días. A las 10 de la mañana una azafata de TAM me daba la bienvenida a Buenos Aires, y eso ya fue suficiente para emocionarme. Salí del avión y un aire caliente me golpeó la cara, yo venía cargada de ropa de abrigo, venía de sufrir el invierno alemán, y me encuentro con un sol que raja la tierra y un calor agobiante apenas empezado el día. No se imaginan lo privilegiados que somos los porteños con el clima, sol en verano, sol en invierno, pocos días de lluvia durante el año, pocos países del mundo tienen nuestra suerte.

Desde que llegué la incógnita más difícil es ¿Cómo voy a hacer para irme otra vez? ¿Cuán sabia fue la decisión de volver? Encima en verano, con estos días hermosos, con la ciudad todavía un poco deshabitada, que feo va a ser dejarla. Mi familia me reclamaba, mis amigas me reclamaban, yo necesitaba sentirme en casa otra vez, y ahora estoy acá y me siento extraña. Estoy pero no estoy, sólo seis meses viviendo de otra manera, en otras culturas, en sociedades que funcionan de manera tan diferente a la mía, solo ese corto período de tiempo bastó para que sienta que aunque estoy acá, no me siento como antes. Y no tiene que ver con que tenga a mi novio en el otro lado del planeta, no tiene que ver con que esté sin trabajo y con mucho tiempo libre. Lo que siento, en esta vuelta al hogar, es una sensación a la que todavía no le encuentro las palabras, ni explicación.

Oh Sitges en verano! Que hermosura!
Oh Sitges en verano! Que hermosura!

Ayer fui a tomarme un colectivo a Cabildo y cuando llegué a la avenida me pasaron dos cosas inesperadas. La primera, el shock de los ruidos, la gente, los gritos, todo eso es Argentina. Recorrí capitales de Europa, recorrí otras avenidas, otras calles llenas de gente, pero en ningún país viví este nivel de contaminación sonora, es tan inevitable el quilombo que uno se siente obligado a presenciarlo, a vivirlo, a ser parte. Esto siempre fue para mi el estado natural de las cosas, pero ahora que sé que hay otras maneras de vivir, me parece extrañísimo no haberlo notado antes, no haberlo sentido raro. La segunda sensación rara que tuve fue el de darme cuenta que en solo seis meses muchas cosas en mi barrio habían cambiado, tuve que caminar 5 cuadras hasta encontrar la parada del 168, están haciendo las cocheras del subte y el panorama es caótico, pasé por un café y ofrecían dos medialunas y un cortado por $58, me pareció tan irreal que intenté convencerme de que seguramente era $5,80.

A veces uno piensa que cuando uno no esta el mundo se detiene, pero no es así, el mundo sigue girando. Mi hermano está más grande (de alto y de ancho), mis viejos están más viejos pero por suerte no se les nota, será el bronceado veraniego. La casa de mi mamá adquirió nuevos colores, mi papá puso una mampara en el baño, mi hermano tiene una beca para un doctorado, y yo tengo el pelo rosa y un novio que vive en otro continente. Seis meses no es nada, pero pasan tantas cosas que al volver uno se siente traicionado, por la ciudad, por los amigos, por la familia, todos siguen el curso de su vida. Y es triste, pero también es lindo saber que uno esta sin estar fisicamente, es lindo saberse dispensable y a la vez querido, es linda la sensación de que el otro esta porque quiere, no porque esta obligado, y ese debería ser el único parámetro, porque ese sentimiento es lo que permite ejercer la libertad.

3 Comment

  1. Brindo virtualmente por tu vuelta a la tan amada y odiada Argentina! chin chin!

  2. Mercedes Carbonaro Partarrieu says:

    Welcome home Laura!!!…Enjoy the city while you plan your next adventure into this wonderful world!!!!…

  3. Que lindo lo que escribis y tan cierto!

Deci hola! Dale, animate!