Maravillas argentinas: Cataratas del Iguazú

Desde que llegue de Europa no paro de moverme, en gran parte por el hecho de que vino de visita el alemán y tengo que mostrarle las cosas más curiosas e interesantes de mi país. De lo que conozco de Argentina, que lamentablemente no es mucho, lo que más me gusta es el sur. No se si tiene que ver con la sensación total de paz que me trasmiten las montañas, los ríos y el verde rabioso que se emerge del agua; quizás es eso, quizás es la tranquilidad con que vive la gente, esa sensación de no tener que correr para todos lados, esa falta de stress que se vive fuera de las grandes ciudades, en provincias donde todavía la hora de la siesta en intocable.

Sin embargo, esta vez el sur se pospuso y decidí que era tiempo de volver al norte, de visitar una vez más las Cataratas del Iguazú. Si bien la idea estaba buena, desde un primer momento no fue mi primer opción, y no es que no me guste la vegetación o el calor o los coatís que te roban la comida. Mi problema era mucho mayor, en la selva hay arañas, y estos bichos y yo nos llevamos tan mal que hasta me corre un escalofrío por la columna cuando tipeo la palabra. Y si bien la gente que fue me advirtió que prácticamente no vio arañas, el tema es que yo las ando buscando, yo no miro el paisaje, yo soy una buscadora profesional de arañas. Con una sensación total de pánico, decidí ir igual, porque a pesar de esa pequeñez, el lugar es impactante, y quería volver a verlo. Para que se den una idea la magnitud del problema, mande un mail al hotel pidiendo que por favor revisen la habitación en caso de arañas, así de loca estoy.

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Una vista increíble desde el paseo superior

 

Me hice de tripas corazón y allá fuimos, embarcamos en el vuelo más barato que conseguí para pasar tres días allá. Ya habían pasado diez años desde esa última vez que había ido con el colegio, esta vez llegaba en avión, por lo que la vista de la selva en el aire es imponente, cuando el avión comienza a aterrizar las ventanillas se inundan de un verde intenso, y a medida que va empezando el descenso, se pueden ver los arboles más altos, más bajos, distintas variedades, es algo tan increíble que los que ya lo vimos y lo damos por sentado nos olvidamos lo especial que es.

Superado el impacto de belleza inicial, empezamos con el clásico recorrido al día siguiente. Si bien teníamos pensado dedicarle dos días al parque argentino (sobretodo considerando que al día siguiente la entrada al parque vale la mitad) nos dimos cuenta que no iba a ser necesario, pero eso depende mucho de lo que uno decida hacer. Nosotros llegamos a las 11:30 y nos fuimos a las 18:00, la hora en que cierra el parque. En ese tiempo hicimos el circuito superior, el inferior, la garganta del diablo y un safari en bote que te lleva a pasear por el rio, obviamente paramos para comer el tiempo que quisimos y todo lo hicimos a nuestro ritmo. Lo único que me hubiera gustado hacer pero que mi pánico aracnofobico me impidió, fue el sendero macuco, que incluyen 3,5km de camino natural hasta una cascada, suena hermoso, a veces podes ver aves que normalmente no están a la vista, y la recompensa de la cascada sin duda hace que caminar 7km en total sea un detalle.

Desde la Garganta del Diablo
Desde la Garganta del Diablo

Al día siguiente, emprendimos el viaje al lado brasileño, que tiene una vista más panorámica de las cataratas y algunas pasarelas que se despliegan sobre el rio y te permiten prácticamente tocar los saltos, esa es una experiencia hermosa. Pero, lo que a mi más me gusto y me sorprendió fue el Parque Das Aves, que se encuentra apenas uno sale del Parque Iguaçu; la verdad que cuando mi novio me dijo de ir no me entusiasmo mucho, pero en cuanto entras te das cuenta que es increíble, no solo por la variedad de aves que tienen, sino por la manera en que las tienen, las jaulas recrean el ambiente natural en el que ellas habitan y además son enormes, tienen jaulas en las que el visitante entra e interactua con las distintas especies, es imponente realmente.

Luego de esos dos días perfectos nos quedaba otro día, y nos dimos cuenta que ya no teníamos mucho que hacer en los parques, por lo que nos fuimos a recorrer la ciudad de Iguazú, caminamos por las tres fronteras, por el centro de la ciudad y terminamos relajándonos en la pileta del hotel. La realidad es que la ciudad es muy pequeña y los atractivos turísticos que quedaban por ver según TripAdvisor dejaban mucho que desear, sumado a que la temperatura era similar a la que se siente si se mete la cabeza adentro de un horno después de sacada una docena de empanadas.

Navegando el Rio Parana
Navegando el Rio Parana

En cuanto a los costos, les cuento que hay alojamiento de todo tipo y color y eso lo pueden ver online, desde super lujo hasta campamento, la ciudad esta preparada para el turismo todo el año; les recomiendo quedarse cerca del centro, caso contrario van a depender del hotel para todo ya que fuera del area principal, casi no hay opciones. En relación a los parques, visiten las paginas de ambos lados, donde tienen todas las tarifas actualizadas y además van a poder ver las atracciones que se ofrecen dentro del parque. Lleven documento inclusive si van al lado argentino porque con eso les hacen el descuento de residente. Para ir hasta las cataratas hay que tomarse un micro que sale desde la terminal, hay dos compañías que te llevan Rio Uruguay y Crucero del Norte, para Argentina sale $100 ida y vuelta y para Brasil $80, lo cual no tiene mucha lógica porque Brasil es más lejos y además hay que parar a hacer los tramites de la aduana. La entrada al Parque das Aves es solo en efectivo, toman pesos argentinos y sale $120, no tengo idea cuanto es en reales. Si van a pasar el día en los parques les recomiendo que se lleven comida, no solo por una cuestión de precio, sino de variedad en el lado argentino solo hay sandwiches y empanadas y en el brasileño un buffet carísimo o una hamburguesería no muy sabrosa.

Increíble tucán en el Parque das Aves
Increíble tucán en el Parque das Aves

La vegetación, la belleza y la magia que envuelve a Iguazú es única, es imponente hasta las lagrimas y se respira un aire tan puro, tan natural. Tener la posibilidad de un contacto tan cercano con una naturaleza tan salvaje es realmente indescriptible, cuidar eso que se nos dio es posible, no es difícil, y vale la pena porque la calidad de vida que uno gana es superior a todo. Si me estas leyendo desde Argentina y todavía no fuiste no se que estas esperando, hay promociones para ir que permiten hacerlo sin gastar mucho, es una experiencia inolvidable. Y si hay algún fobico a las arañas como yo, tiene que saber que hay y son enormes, y no la pase bien en ese sentido, pero es cuestión de poner en la balanza y les aseguro que el bicho pesa menos, literal y figurativamente. La vivencia de haber estado allá, de ver tantos extranjeros admirar con locura algo que nosotros damos por sentado, ayuda a caer en la realidad de que lo que tenemos acá, en todo lo ancho y largo de este rico país, es hermoso.

4 Replies to “Maravillas argentinas: Cataratas del Iguazú”

  1. Falta la foto de la araña …!!!
    Muy bueno el post

  2. Ay Cataratas! cuantos recuerdos que quiero eliminar de mi mente y cuantos lindos que atesoro! Quiero volver desde el dia que volvi. Todavia recuerdo las arañas que estaban en las barandas del lado brasilero, me acuerdo como si fuera ayer (PANICO) Muy lindo post Lau! 😀 Besotes!!!

  3. Hola Lau! acá tu amiga de Bs. As. Me dieron ganas de ir a las Cataratas, otra vez. Cuanto cuesta la entrada al parque para residentes Argentinos?
    Gracias!!!

  4. Mini hermosa! Si no me equivoco esta alrededor de 160 pesos. Besote!

Deci hola! Dale, animate!