Libros para inspirar viajeros geniales

¿Por qué los libros son lo mejor del mundo?

Probablemente ya lo sepan, si leyeron esto ya me conocen bastante. Los libros me definen. Recuerdo el primero, aún lo guardo, fue Las ventanas del sol, un libro de cuentos ilustrado con obras de Matisse. Creo que muchas cosas en mi vida empezaron desde ese libro que me regalaron mis papás cuando todavía no podía ni agarrar un libro. Mi amor por el arte, por el arte impresionista sobre todo, mi gusto por la lectura, veranos enteros en que ni siquiera quería ir a la playa, solo quería quedarme leyendo en el balcón con el mar de fondo.

libros
Liniers lo entendió perfectamente

Tiempo después empecé a declarar que no confiaba en nadie que viajaba sin un libro, alguien que no quisiera invertir tiempo en lectura no tenía nada que ver conmigo. No importa donde vaya, siempre lo hago con un libro adentro de la mochila. Los libros me abren a un mundo nuevo de posibilidades, de imaginación, de conocimiento. Y me inspiran, me inspiraron a escribir este blog de hecho. Y, antes del blog, me inspiraron a viajar y, no fui solo yo la que tuvo esta ayuda viajera, este impulso descontrolado que se escapó de unas páginas con tinta. Le pregunté a muchos amigos viajeros y escritores qué libro los inspiro, cuál los hizo sentir que necesitaban moverse, que necesitaban viajar y me contaron esto:

Nuria de Muero por Viajar, inspirada por Donde las piedras son Dioses, de Norman Lewis

Nuria y Miguel Angel en la India

Todo empezó en el lejano 2003, en mi segundo año de universidad, en la asignatura de Sociología, una de esas asignaturas que piensas ¿de qué me servirá a mi esta asignatura en el futuro? Un día el profesor nos dijo que debíamos leernos el libro Donde las piedras son Dioses de Norman Lewis y hacer un trabajo entrando en profundidad en alguno de los temas que se trataban en el libro.

Compré el libro, empecé la lectura, me emocioné, lo subraye, lo demoré y me enamoré de la India.

El autor es un conocido antropólogo que visito algunas de las regiones más alejadas de la India, en pequeños pueblos con nombres desconocidos para la mayoría, Norman Lewis realizó un trabajo antropológico basado sobre todo en la religión y las creencias de los habitantes.

Unos años después, exactamente 7, cuando tuve la posibilidad de viajar más allá de pequeñas escapadas por España y Europa, visité India y a pesar de no visitar esas pequeñas tribus de las que habla Lewis en su libro, la esencia del país si la viví y me volví a enamorar y tengo una cosa clara: tengo que volver al país donde las piedras son dioses más tiempo y conocerlo más en profundidad.

Mar de Coleccionando Imanes, encantada con Anna Karenina, de Léon Tólstoi

Palacio de Catalina en Pushkin, San Petersburgo

Nunca pensé en ir a Rusia. Estoy en una etapa de mi vida en la que lo que más me atrae es Asia, de la cual me queda mucho por descubrir. Rusia es demasiado europeo, ofrece un turismo de cosas similares a las que ya he visto, y que además me quedan “cerca” de donde vivo (España).

Un día llegó una persona nueva a mi trabajo. Muy culta, con muchas ganas de viajar. Hablando de destinos, y sin venir muy a cuento, me dijo: léete Anna Karenina, de Léon Tólstoi.

“¿Yo? ¿Un clásico? Soy más de narrativa contemporánea…”. Aun así le di una oportunidad. Poco a poco. Lectura a ratos.

Me maravillé en la página 1 del libro. “Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera”, comienza diciendo. Es imposible no quedarte prendado de la narrativa, de la exhaustiva pero no aburrida descripción de lugares, personajes, clases sociales…

Sin darme cuenta, empecé a pensar en ir Rusia. Quería ver esos palacios en los que aquellas familias aristocráticas vivían. Quería saber cómo era. El clima. Las calles. Los vestidos (en museos lógicamente… la moda ha cambiado bastante en los últimos cien años). El campo. La religión. Los transportes. La gente.

Quería conocer Rusia.

Sin acabar el libro reservé billetes de avión. Y me permití saborear cada página lentamente.

Cada vez que lo abría, me transportaba a otro lugar, en otro tiempo, no tan lejano. Era una más de sus personajes, viviendo en San Petersburgo, en Moscú, acudiendo a reuniones, visitando a condes y condesas.

Finalmente viajé a Rusia. No me decepcionó en absoluto. Era todo tal y como me lo había imaginado.

Hace dos semanas que he regresado. Y aún sueño con todo lo que he visto.

Leandro de Lean y piensen, movilizado por Mi primer gran viaje, de Ernesto Guevara

Leandro en Santa Clara, Cuba

Sin dudas el primer libro que me inspiró para hacer mi primer gran viaje, fue justamente uno llamado así: “Mi primer gran viaje”. El autor es nada menos que Ernesto Guevara, y narra el viaje que realizó en moto por Sudamérica junto a Alberto Granados.

Me pareció increíble leer este libro, porque fue escrito cuando el Che era un mochilero más, uno como cualquiera de nosotros, un pibe que se largó a recorrer Sudamérica y en medio del recorrido el viaje lo transformó y comenzó a entender que había que luchar para combatir esas injusticias que vio en el camino.

El viaje lo fue haciendo al Che. Salieron con una moto, tuvieron inconvenientes con “La poderosa”, y luego continuaron el viaje como fue saliendo. Al ver las minas del norte de Chile, y el leprosario de San Pablo en Perú, Ernesto Guevara sintió que no podía seguir siendo un mochilero de paso, para conocer las desigualdades en Latinoamérica y seguir su camino a otro mundo, sino que se comprometió hasta curar esas injusticias.

Al leer el libro uno puede ver cómo fueron cambiando las cosas que le interesaban contar a este joven viajero. Si al principio contaba sobre sus amores, su moto, o sobre como se le voló la carpa en el sur de Argentina, al final termina hablando de cuestiones más profundas como la idea de tomar acción frente al pobre panorama social que vió en Latinoamérica. Y cuando volvió a su país, ya tenía pensado volver a viajar, para continuar con su misión de curar las heridas del mundo. Por eso quiso ser médico.

Sin dudas viajar por Sudamérica nos puede cambiar la cabeza, por eso cuando leí ese libro supe que el primer gran viaje que quería hacer era ese. Con la única diferencia que algunos de los que viajamos somos simples mortales, y otros terminables siendo animales de otra Galaxia.

Francisco de Viajando con Fran, inspirado por Días de Viaje, de Aniko Villalba

Fran en Éfeso, Turquia.

Aniko fue una de las primeras bloggers de viajes que seguí. Leía varios blogs en inglés pero Aniko era mucho más cercana. Ella era el fiel reflejo de que mi sueño de vivir viajando era posible. Es más, su historia era parecida a la mía en varios puntos.

Yo había tenido la posibilidad de hacer varias temporadas de work and travel pero su primer libro me llegó en una etapa en la que estaba “parado”. Me había graduado de la universidad unos meses atrás y había decidido asentar cabeza y entrar en el mundo corporativo. 

Si bien, en aquel entonces, leía su blog con regularidad, navegar por las páginas del libro me transportaban aún mas a esos mundos tan lejanos y a la vez cercanos. Ya no eran crónicas separadas de cada lugar sino una serie de experiencias que me moría por vivir en persona. 

Leer su libro me emocionaba. Me motivaba. Me recordaba que lo que yo quería hacer era posible, solo faltaba que tomara la decisión. 

Leer el libro desde una vida rutinaria de oficina hacía que sus relatos parecieran de otro mundo pero yo ya había tenido varias experiencias viajeras. Su manera de escribir y describir cada situación hacía soñar hasta al más duro y estructurado.

En ese libro el estilo de vida viajero estaba muy idealizado, todo era muy optimista. Muy motivador. Por eso me gustó mucho su segundo libro mucho más “depresivo”. Más personal. 

De alguna manera, yo fui transitando experiencias similares. De enamoramiento e idealización de la vida nómada a la realización de que es un estilo de vida más. Con sus pros y sus contras. Aunque en mi caso no lo cambio por nada. Para mí la felicidad es tener la libertad de hacer poder hacer lo que quiera cuando quiera con quien quiera. Y eso es lo que me da este estilo de vida. 

Nuestras historias son similares y eso me demostraba que era posible. Me maté de la risa cuando varias lectoras (3) me enviaron mensajes diciendo que la debería conocer porque haríamos muy linda pareja. Todavía no tuve la chance de conocerla en persona. En realidad si tuve la chance pero, como ella, yo soy muy introvertido y no me animé a saludarla las veces que nos cruzamos. De todas maneras, ambos ya hemos encontrado el amor viajero. 

Gloria y José de El viaje me hizo a mí recomiendan Pedro Páramo ya no vive aquí, de Paco Nadal

Gloria y Jose en pleno viaje

Durante un año Gloria obtuvo una beca para cursar los estudios en la Universidad de Colima en México. En ese tiempo no conocía nada ni del país, ni de sus costumbres ni de su cultura. Ni si quiera sabía que viviría en el estado el cual pertenece Comala, el pueblo que elegió el escritor Juan Rulfo para su novela Pedro Páramo, un clásico de la literatura universal.

Al regresar a España, Gloria se encontró con la bonita casualidad de que le regalaron un libro sobre México y no era un libro cualquiera, sino cinco historias por un México desconocido en el que Comala es la protagonista de una de ellas. Su título lo evidencia claramente: “Pedro Páramo ya no vive aquí” de Paco Nadal.

Un relato desde la curiosa mirada de este gran periodista que capta la atención del lector a través de las emociones y sentimientos. Un relato vivencial, lleno de fuerza y de experiencias sorprendentes únicas que cualquier persona debería leer y descubrir.

Tati de Caminando por el globo, inspirada por Atrapa tu sueño, de Cande y Herman Zapp

Tati y Javico en la India
Estoy segura que con el libro que elegí, se van a identificar muchísimas personas. Cuando tenía 21 años una tía abuela me regaló un libro para ayudarme a alcanzar un sueño, que era crear una comunidad auto sustentable. Así llegó Atrapa Tu Sueño a mis manos. El libro trata de la historia de una pareja que decidió emprender un viaje de seis meses en un auto de 1928, que se terminó convirtiendo en un viaje de cuatro años en el que llegaron hasta Alaska con un bebe y sin un peso. Viviendo experiencias en el camino que los marcaron para siempre y les enseñaron que los sueños están hechos para ser cumplidos.
En ese entonces corría el año 2006 en el que no existía Facebook ni la conectividad que tenemos ahora con personas que no conocemos. Para ese entonces yo ya había hecho dos viajes de mochilera con amigos varones, uno al Noroeste argentino y otro a Bolivia y Perú, mientras mis amigas disfrutaban de las playas de moda. Al finalizar el libro, me dije: “¿qué estoy haciendo? Estoy estudiando algo que no me gusta mucho, cuando lo que realmente quiero y siento es viajar”. Vi que al final del libro estaba la dirección de email de Cande y Herman Zapp, así que les escribí un mail contándoles lo que me había generado su libro, sin pensar jamas que me responderían, y menos que menos que me invitarían a su casa a conocerlos. Obviamente fui y para resumir les cuento que me tomé un año sabático de la facultad, convencí a mi mejor amiga, luego a nuestros padres, compramos y equipamos mínimamente una Kombi volksvagen y salimos a la ruta seis meses después a recorrer Sudamerica en un viaje que marcó un antes y un después en mi vida.

Alex, autor de Vida de Mochila, eligió El Principito, de Antoine de Saint-Exúpery

“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”. Imposible no identificar esta frase con El Principito de Antoine de Saint-Exúpery. Muchos lo leímos de chicos y lo releemos de grandes buscando nuevas interpretaciones de este pequeño libro pero muy pocos lo identificamos con un “libro de viaje”.

A pesar de que se trata de aviones, desiertos, supervivencia, soledad, amistad y, un poco, de geografía en realidad no es una bitácora como las que podemos encontrar hoy en día. Sin embargo despierta nuestro espíritu viajero de manera particular: viajando dentro de nosotros. Esto es fácil de ver si nos planteamos con cuál de los personajes nos identificamos porque cada uno tiene su razón de ser y alguno nos inspirará más que otro. Pero lo más importante es la intención del autor, salirnos por un momento del papel de adultos y hurgar en nuestro niño interior para salir a ver las cosas de otra manera. Esa es una buena manera de viajar. Si hace mucho no lees El Principito, significa que éste es un buen momento para hacerlo.

Cari de Hills to Heels viajó movilizada por Comer, rezar, amar de Elizabeth Gilbert

Cari con su edición de Comer, rezar, amar

Si bien la película sobre Comer, rezar, amar es lamentablemente una comedia holywoodense más, en la que el foco es mostrar a Julia Roberts en pintorescos escenarios del mundo, el libro de Elizabeth Gilbert en el que se inspira tiene otra profundidad, la de una mujer que elije viajar por un año -y escribir sobre sus aventuras personales, combinándolas con información y anécdotas de cada lugar que visita y las personas que conoce- como herramienta terapéutica para sanar su alma luego de enfrentar el hecho de que la vida tradicional que llevaba no la hacía feliz, que la depresión que la invadía se debía a eso, y terminar con un matrimonio amistoso pero que no la llenaba, compuesto por proyectos que cumplían a rajatabla el estabishment (casa-auto-hijos-perro). Salvando distancias, no sabía cuando lo leí -tendría 27 años, la primera edición se publicó en 2008- que la historia de Elizabeth me serviría en parte para crear la mía y salir también renovada como un ave fénix de la ruptura de una relación sentimental de cinco años gracias al poder terapéutico de viajar por un período largo, que en mi caso también fue un año.

Sin embargo, hubo ya en aquel primer momento en que leí el libro por primera vez un fragmento que me hizo ruido. A pesar de que la maternidad no era en aquel momento un plan a corto plazo, sabía que si aquella relación seguía su curso pronto lo sería. Y no me sentía preparada para perder mi independencia y ponerme a mi misma en segundo plano. Me faltaba todavía mucho por vivir antes de tener ataduras. (De hecho aún hoy no se si lo estoy)

Me decía a mí misma que lo mío era normal. Seguro que a todas las mujeres que querían quedarse embarazadas les pasaba lo mismo, decidí. («Ambivalente» era la palabra que usaba, huyendo de una descripción mucho más precisa: «totalmente aterrorizada».) Quería convencerme de que lo que me pasaba era típico pese a las abundantes pruebas en contra; como la amiga con la que me había encontrado la semana anterior, que se había quedado embarazada por primera vez después de dejarse una fortuna en tratamientos de fertilidad durante dos años. Estaba entusiasmada. Había querido ser madre toda su vida, me dijo.

Y me confesó que llevaba años comprando ropa de bebé a escondidas y metiéndola debajo de la cama para que no la viera su marido. Vi la alegría en su rostro y la reconocí. Era exactamente la misma alegría que había iluminado mi rostro la primavera pasada, el día en que descubrí que la revista para la que trabajaba me iba a mandar a Nueva Zelanda para escribir un reportaje sobre el calamar gigante. Y pensé: «Mientras tener un hijo no me haga tan feliz como irme a Nueva Zelanda a investigar el calamar gigante, no puedo tener un hijo”.

En Comer, rezar, amar, el itinerario fue cuatro meses en Italia -deleitándose con la comida y el idioma del país de la bota-, cuatro meses “rezando” en India y otros cuatro amando en Indonesia. Además de las vivencias personales de la autora, pululan relatos y explicaciones que permiten acercarse a esos tres países y a sus habitantes. Mi destino fue un año en Nueva Zelanda, por simple casualidad: un día en un satsang de “El Arte de vivir” me encontré un ex compañero de trabajo recién llegado de allí con el programa de visas working holiday y después de una hora de charla me pregunté: ¿por qué no? Además, la comida siempre ocupó un lugar importante en mi vida y es imposible no darle un lugar destacado en mi blog, y la religión también tiene su lugar -la mía, la católica, pero también curiosidad por presenciar ritos de otras y conocer sus historias. Y ni que hablar del amor: mi posteo “Cómo conquistar un kiwi” es un claro ejemplo. Comer, rezar, amar es cita frecuente en mi blog y dado el poder inspiracional que tuvo en mi vida, me veo en el deber de recomendar su lectura a toda mujer (viajera o no) que esté experimentando algún tipo de crisis por creer que la vida es algo más que un currículum casamiento-hijos-perro. Que se puede ser igual o más feliz estando soltera, viviendo en un departamento, teniendo gatos y viajando por el mundo.

Gilda, que escribe en Mi bitácora de viajes, se inspiró por La vuelta de los 25, de Marc Serena

Gil con su copia del libro de Marc Serena

En el 2011 mientras buscaba información para mi tesis sobre blogs de viajes encontré un blog que llamó mi atención: “La vuelta de los 25″. La presentación de su autor Marc Serena, un joven periodista de Barcelona, era prometedora: “Al cumplir los 25 años decidí dar la vuelta al mundo con un objetivo: convivir durante un año con 25 jóvenes de mi edad de 25 países”.

Quizás me sentí identificada porque en ese momento yo también iba a cumplir los 25. O tal vez fue simplemente porque la idea me pareció creativa y porque al igual que Marc compartía la profesión y el placer de viajar. Cuando descubrí que había escrito un libro me emocioné aún más. Soy una gran seguidora de las bitácoras virtuales pero confieso que no hay nada como tener las historias plasmadas en papel.

Me decepcioné un poco cuando supe que el libro no se vendía en Argentina. Me acuerdo que hasta me contacté con el autor español sin pensar que iba a tener una respuesta y mucho menos tan pronto. Pero tuve una hermosa sorpresa al recibir un correo de este escritor viajero que se comprometía a averiguarme y avisarme si había alguna manera de que llegara el libro a mi país. Finalmente me enteré que un amigo de mi madre viajaba a España y se lo encargué; me lo mandó por encomienda con la siguiente nota: “El libro es un regalo, además me tomé el atrevimiento de leerlo”. ¡Olor a libro nuevo, traído desde la tierra española!

“La Vuelta de los 25” cuenta el viaje de Marc por 25 países desde Johannesburgo a Moscú pero fundamentalmente relata 25 historias, de 25 jóvenes, de 25 años. Los mismos que tenía él cuando se lanzó a la aventura. Durante el viaje de un año que lo lleva a dar la vuelta al mundo y a convivir con chicos de su misma edad, el autor se pregunta cómo viven, cuáles son sus preocupaciones, sus objetivos o ambiciones a futuro. Cada capítulo es una historia única que sorprende ya sea por el descubrimiento de un paisaje, una frase inesperada, un dialogo emocionante, un fracaso o un sueño cumplido. Y así es como a través de la narración de estas historias de jóvenes con perfiles muy disímiles pero que a la vez comparten anhelos y dudas, los lectores conocemos una gran variedad de lugares y pasamos por distintos estados de ánimo.

El libro está centrado en sus protagonistas. Marc es sólo el narrador y los hace hablar de una manera ágil e intensa por lo que las páginas avanzan rápido. Para los más curiosos les adelanto algunos de los personajes: un DJ en Sudáfrica, un pescador filipino, una artista maorí en Nueva Zelanda, un inventor en Argentina, una ama de casa en Swazilandia, un ecologista en China, una boxeadora en Tailandia, una prisionera en Chile, un chamán en Perú y un profesional eater en Estados Unidos.

No sé si un es libro meramente de viajes, quizás es un retrato de una generación, pero lo cierto es que desde que leí este libro y ahora que escribo esta reseña, casi cumpliendo los 30 años, me he dado cuenta que en estos cinco años he viajado muchísimo más.

Juan y Amanda, dos Viajeros en moto, leyeron con ganas Un millón de piedras, de Miquel Silvestre

Juan y Amanda en moto por Sudamérica

El libro que me abrió el camino de los viajes en moto se llama “Un millón de piedras” y es de Miquel Silvestre. Tanto Juan como yo teníamos “la mosca detrás de la oreja” porque ya nos habían contado de un chico que mando su moto desde Inglaterra hasta Argentina y viajo por el continente. Hasta entonces solo habíamos viajado de mochileros y habíamos alquilado motos pequeñas en el sudeste asiático, pero no habíamos pensando en un viaje propiamente en moto desde casa hacia el mundo. Teníamos la semilla dentro pero no había germinado.

Un día normal, estaba en la biblioteca estudiando y justo era el mes de la literatura de viajes y tenían un stand con libros viajeros de todo tipo, entre ellos y el único en moto, estaba el de Miquel. Me lo lleve a casa y lo devore en dos días. Miquel narraba su viaje por África en moto y sus aventuras me cautivaron. Buscamos al escritor en Google y empezamos a ver sus vídeos. Entonces la semilla empezó a germinar una idea loca. Ya no podíamos quitarnos la idea de recorrer Latinoamerica y EEUU en moto. Y como toda idea loca que se mete en la cabeza de un aventurero se fue haciendo mas grande hasta el punto de ser real. En menos de un año estábamos en la ruta. Nos esperaban experiencias transformadoras para siempre.

Lo mejor de todo, es que durante ese viaje por América, Miquel Silvestre también estaba no solo escribiendo otro libro, si no grabando una serie de tv sobre viajes en moto y estaba recorriendo América de sur a norte. De repente y sin planearlo estábamos en el mismo país que el viajando en moto. A los pocos días estábamos en la misma provincia y finalmente, en las puertas del glaciar Perito Moreno nos cruzamos con el. El no sabia nada de nosotros así que su sorpresa fue mayor al ver una moto con matricula española y dos chicos diciéndole que su libro Un millón de piedras les había inspirado a comenzar esa aventura.

Andrés y Lina, de Renunciamos y Viajamos, se inspiraron por otros bloggers con Caminos Invisibles

El libro en la Laguna de Lachua, Guatemala

Se encontraron en la vida. Llegaron a la Antártida a dedo. Convivieron con menonitas en el Chaco paraguayo. Fueron huéspedes de una tribu reducidora de cabezas en el Amazonas de Ecuador y tomaron ayahuasca con ellos. Fueron robados en Venezuela. No fueron robados en Colombia. Se quedaron con un vendedor de armas belga que vivía en calzoncillos en Cartagena. Aprendieron quechua para caminar la Bolivia intransitable. Llegaron a las Guayanas. Escribieron este libro. Nunca más se separaron.

El libro es Caminos Invisibles, 36.000 km a dedo de Antártida a las Guayanas. Los autores son Juan Villarino y Laura Lazzarino, los dos grandes referentes a la hora de hablar de blogs de viajes en nuestro idioma. El libro es una oda a la hospitalidad suramericana, una sinfonía nómada narrada a dos voces desde carreteras, casas, pueblitos, ciudades, barcos, camiones, mares, montañas y selvas del sur continente.

Además de ser una fuente pura de inspiración capaz de sacudir la existencia del oficinista más acomodado, Caminos Invisibles no tiene letra mal puesta, y eso lo convierte en una joya que cualquier biblioteca viajera moriría por tener.  Laura y Juan Pablo dejan ver que se toman  en serio el oficio de las letras y no derrapan en el lugar común del soñador que sortea obstáculos, algo tan común en el tránsito que hoy se hace de la blogósfera al papel. El lector que sostenga este libro en sus manos desarmará la idea del viaje como simple hecho de desplazarse. En cambio, sus ojos darán un repaso por 363 páginas de una historia de amor y aventuras contada desde la geografía,  la historia, la literatura, la poesía y la filosofía.

Si aún tiene dudas sobre qué tan posible es vivir viajando, este libro se encargará de hacerlas añicos. Un texto recomendado para quienes, como nosotros, quieren recorrer el mundo junto al amor de su vida.

5 Comment

  1. Que maravilloso es el mundo de los libros, la diversidad de literatura que hay en este post es asombroso y eso que la temática era acotada. Eso demuestra que hay un libro inspirador para cada persona, solo hay que salir a buscarlo.

    PD: Me da risa leerlo a Fran y su intención fallida de conocer a Aniko. Yo fui a una reunión en la que estaba ella con Lau Lazzarino y tampoco pude ni saludarla! será que genera ESO? jaja

  2. Hola Laura!! Un placer haber participado de este post con tantas historias viajeras e inspiradoras! Ahora tenemos muchos más libros pendientes y sueños por cumplir. Un saludo y gran viaje!!

  3. Ha quedado precioso el post, ahora tengo unos cuantos libros pendientes de leer. Un saludo y gracias por contar con nosotros!

  4. A Recorrer el Mundo says:

    Gracias por compartir este post y a todos los que hablaron de su libro favorito, varios me llamaron la atención y ahora tengo un listado de libros pendientes. :S
    Uno que faltó en el listado y que fue mi inspiración se llama Mi viaje interior, de Jota y Dani de Marcando el polo. Un libro liviano de leer pero muy profundo y que estoy segura identificará a muchos!
    Un abrazo a todos.

  5. No lo leí aún! Tengo la biblioteca llena de libros viajeros pendientes! Gracias por la recomendación!

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